Muriel tenía 6 hijos y temía, a veces, que el mandinga le robe uno, y que se haga justicia, porque todavía la culpa le carcomía el alma.
mientras dormía,se le ocurrió que capaz que el sueño era repetido, y que se trataba de un recuerdo hondo.
tras un vidrio verde claro, una beba dormía feliz dentro de un saco de piel que tenía un cierre enorme en el pecho. Del cuello le salía un tubo y un cable, la mantenían viva. ella era, en esencia, una tía, un amigo, una persona grande, con una vida social y sueños. Lo que estaba en la bolsa era una persona íntegra, había estudiado grafología y se había enamorado de un pibe de la matanza, su sueño era ser escritora y le encantaba E. Sabato, odiaba los días soleados. ella, en el hospital, estaba a cargo de la nena, y cuando la vió en el piso, fue corriendo a levantarla. El saco de piel se rompió entre las manos y tenían la textura de una pasa de uva bien fría, y pudo ver como se rompía el cable del cuello y como esa nena, esa tía y esa hermana moría entre gritos, llantos y mesa de parto en Don Orione. y todo era su culpa, y ella abrazaba al cuerpito descompuesto entre sus manos, que le quemaba la ropa. y ella se vió y era toda verde claro, verde locura. y cayó en el pozo más hondo, y llego al infierno.
Al despertar se levantó y revizó la cama de cada uno de sus hijos. estaban todos dormidos. y no se animó a despertar a ninguno, temía que alguno esté inmerso en el Sueño Profundo.
viernes, 4 de marzo de 2011
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