domingo, 9 de mayo de 2010

los días es el enemigo

Suena como acorde redondo en tus oídos de nuevo el clavo del despertador, y mirás como sorprendido el techo.
Tan amargo como que sea invierno vació en la cama. Mirar a la derecha y una ausencia te carcome el semen, te aísla del calor sentimiento, ese agujerito negro que se da en los abrazos, ese pequeño sol que abriga a veces. No estoy acá, es lo único que nos podemos decir cuando nos ahogamos, hoy inmerso en tanta agua, en todo este barro invernal y sin nadie, con mi bufanda huérfana entre y bajo el rayo del viento. Paro el bondi.
Suena el despertador y una enfermera sádica es quién te besa la frente y te despierta de esa horrible pesadilla. Te mirás las manos. No tienen sangre. El cerebro te miente. Ella actúa, me boludea, le encanta estrellarme la cabeza contra la pared y ver cómo disfruto en el trayecto. Me clava el bastón blanco en el orto. No puede ser más hija de puta, no puedo ser más ciego. la cara de golpe en la cara, irónica, orgasmo en el sarcasmo, una voz hermosa, tanto brillo, tantos ojos deshilados al tiempo.
Terremoto de atroces gritos, pasa el subte y suena horrible como alud de tu cabeza. Te quedaste dormido. Pensabas en ella y te quedaste dormido. Vas a perder el presentismo. Siempre me cayeron bien los tipos con sombrero. Lo mejor del día es la escalera mecánica. Ya que llegás tarde pasás otra vez. El vacío en la mesa. Sentís en el rostro el frío cortante de la mesa de madera.
A la hora de dormir te cuesta acostarte, te encanta contar las cosas que te pasan en segunda persona. A la hora de dormir me cuesta acostarme, no me gusta creer en lo triste de mi historia, en el vómito de angustia que despierta desde la boca del estómago hasta mi garganta. Como siento ese dolor mudo debajo de mis ojos. Nunca se asoman las lágrimas.
A la hora de dormir forjo en un ruido una risa, una mirada. Juego a que mi voz no es mi voz y me auto entrevisto. Siento cómo crecen mis ojeras. Entiendo que esté pálido. Así de flaco. Feo. ¿Dónde te ves dentro de tres años? ¿vas a encontrar, algún día, el eco de tus gritos, la forma de verte reflejado en otra persona, una mirada cómplice? ¿Hace cuanto no te dan un abrazo?
¿Me extrañas? Si.
Todo negro, entonces suena como acorde redondo en tus oídos de nuevo el clavo del despertador, y mirás como sorprendido el techo. Entonces en lo áspero del viento que entra por la ventana entreabierta, cuando sentís un frío profundo, buscás entender una palabra, un despertate que tenés que ir a laburar, para seguir existiendo.

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