Estar con ella era estar con ella y que la poesía te parezca imposible, que te deje sin armas palabras para responder a tanto sabor, a tanta mirada de vidrio.
-llovía.
Y escuchás cosas así. Lo peor es que la entendés
-llovíamos, habíamos llovido.
La respuesta es perfecta.
Y se cruza de piernas. Su codo en la rodilla y con la mano en la jeta.
- no me querías reconocer. No me querés reconocer.
Desde que entré a la habitación no pestañeó. Ella es una paloma agonizando y mirada de desdén entre mis brazos, de días aburridos y de mismas canciones.
Reí para no responder. Ella no es boluda.
Acá no hay tiempo
Ni espacio.
Ni palabras para describir hasta donde puede llegar el silencio.
Su respiración en mi vientre.
-llovía.
Sale de su boca y como retrocediendo sedienta su palabra floreada mojada hacia y desde su boca.
-Llovíamos, habíamos llovido.
Empapados de sed, pasando mi mano por su rostro sin lágrimas, con una sonrisa enorme y la mirada en un tango, en su melancolía.
O ese es el recuerdo.
Saliendo del recuerdo en el recuerdo ella estaba sentada en la cama, con las piernas cruzadas y la mirada golpeada te dice:
- no me querías reconocer, no me querés reconocer.
Y no podes responder, te sentís me sentí un boxeador a punto de ser noqueado. Mi sangre violeta pinta en su espalda las flores en la distancia.
Gritan las palabras no dichas, ahogándose en mi garganta, en su garganta.
sábado, 17 de abril de 2010
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