Me preocupa el tema de no entender los sueños, o no recordarlos del todo.
Era así: yo estaba caminando con Darío y Grace, no veía las paredes, la oscuridad no me importaba. Caminamos en silencio hasta llegar a una mujer que tenía la cabeza como un baúl, cosa que le pesaba mucho, por eso la tenía apoyada en el piso, pero igual estaba parada, con la espalda arqueada, su piel era de madera, con las vetas negras que recorrían su piel viscosa, salada. Y yo la acariciaba –mis manos eran de arena-, era lo más tierno que se podía ver, ella estaba casi dormida y sus ojos eran como los de una serpiente, o como los de un gato, no recuerdo el color. “pobrecita, ella, tiene las manos alertas, no puede dormir” le decía y ella pestañeaba. Darío desaparece, lo vi perdido en algo azul, más que verlo lo recordaba, pero el recuerdo era en vivo y en directo, como si yo recordara ahora mismo lo que te estoy contando, pero sin verte. Y sola quedó mi amiga, que se acercó y me dijo como si nada “¿sabías que los ojos son porciones de luz en reposo?”, e inmediatamente giro y acariciándola, le arranco el ojo derecho a la mujer de madera, sintiendo sus colores, dentro de mi puño apretaba el globo ocular y era terriblemente placentero, mientras más lo apretaba, más disfrutaba, era casi orgásmico, sentía como la luz se escapaba de a poquito entre mis dedos, en redondo.
Despertar puede ser realmente la salvación, a veces, ese no era el caso. Me senté en la cama y vi la normalidad de la tristeza nocturna, la normalidad y la tristeza de ver dormir a Ana tan lejos e indiferente, estando ahí por que otra no le quedaba, porque acá no hace frío (sé perfectamente que acá no hay calor, acá el vacío es cortante y mi cariño le resbala en su piel a la mañana, a la tarde y cuando me besa).
-Entiendo, bah, me imagino, vos no sabés qué siente ella, qué sueña.
-de hecho sí lo sé, ella sueña con un libro, dice no recordar el título ni el autor, pero que tiene claro que éste se podía leer de dos formas diferentes: de adelante hacia atrás, y del medio hacia fuera, cosa que asfixiaba. Ella siempre elije la segunda y ve símbolos y letras hasta que le falta el aire y la desesperación la despierta. Cuando sueña esto me despierta agitadísima, y me dice que está segura que, si termina de leer su capitulo (hay un capitulo correspondiente a cada humano, entonces uno entiende que el libro es una especie de texto sagrado, absoluto), se muere.
A veces hablamos de sueños, cuando viajamos.
-es la primera vez que nosotros hablamos de sueños. Yo sueño con campos abiertos y con olor a nafta, en las pesadillas tengo ganas de vomitar. Eso es todo, ustedes están locos, igual que Grace, sus sueños son terriblemente complejos.
- a mi tu vida me parece realmente compleja, será para compensar…
-no hay nada que compensar, ustedes tienen un montón de respuestas sin preguntas, preguntas que se tienen miedo de hacer, porque le tienen miedo a su inteligencia, a su verdad.
-inteligencia, inteligencia, ¿vos te crees que nosotros tenemos inteligencia? Le debemos guita a todo el mundo y hacemos todo porque lo sentimos, nunca razonamos, a veces nuestras conversaciones se vuelven tan abstractas que no se entienden un choto, como un cuadro de Kandinsky.
-En ese caso, uno entiende lo que quiere entender.
-Eso es en todos los casos.
-puede ser.
-siempre que duermo solo tengo el mismo sueño: mi habitación en blanco y negro, yo con la vista fija en la cama, la guitarra está sobre la cama, a veces no está. Yo no puedo moverme, porque no estoy en la habitación, la habitación está vacía.
- ¿entonces?
-nada, esa imagen me da un miedo increíble, insoportable. La desesperación de no poder gritar. Mirá, se me pone la piel de gallina. Pero la parte más horrible es cuando aparecen las letras. Como escritas en mis ojos, como pintadas en la pantalla de un televisor veo un rectángulo blanco, adentro hay dos palabras, una encima de la otra. Lo peor es que no puedo leer las palabras, o cuando despierto no las recuerdo, no sé. La primera es “pau…” no sé cuanto, no sé, está borroso. De la segunda, solo sé que es una palabra larga que tiene dos letras que no le pertenecen, la N y la H.
-no veo lo traumático.
-es que es horrible, es lo que me da más miedo, me despierto completamente mojado, y el corazón me late rapidísimo.
-¿ella qué te dice?
-Ana es una estúpida, cree que no tiene sentido, que solo es el reflejo de un mal recuerdo –debería explicarte su teoría de los espejos, pero es una pérdida de tiempo- que se me está proyectando en el pecho. También me quería llevar con una bruja y con esas cosas que saca de la madre. “seguro es la envidia”, es lo único que dice la vieja puta esa.
-¿y vos qué crees?
-No sé. Puede que el texto sea mi verdad, o el resumen de mis miedos, o solo es mi nombre. A veces creo que son los nombres de mis padres, uno encima del otro, por sobre todas las cosas.
-yo creo que tenés que internarte. Estoy harto de no entenderte.
-¿vomitás?
-no entiendo.
-en tus pesadillas, ¿llegas a vomitar?
-no.
-entonces estás más jodido que yo.
-¿por?
-el día que vomites vas a tener a todos los demonios sueltos en tu cabeza, torturándote bajo los párpados, ahí vas a ver letras borrosas, y a besar mujeres de madera, no lo vas a soportar.
- vos, Ana y Grace deberían internarse, en serio.
-puede ser, un día Ana me dijo que quería terminar de leer el capítulo, que estaba cansada del asma, que cada pesadilla le sabía a ataque epiléptico, y que los sabores no le importaban cuando despertaba con la boca llena de espuma.
viernes, 2 de abril de 2010
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