Había trabajado toda la mañana, me pareció tanto el camino hasta llegar a la estación de Adrogué… El tren llegó rápido, y era uno más, todos en silencio, solo los dos golpes gemelos y el calor, olor a chivo ya flor de ciudad, ya pétalo exquisito. Y la casa de Adrián sigue destruía y él duerme todo el día, las macetas rotas tiene flores todavía vivas, sorprendentemente. Las paredes del pasillo con verdín tienen algunas palabras escritas con la punta de una llave o con una piedra. Y me invitó a su habitación y me mostró algunos libros, después me los regaló. En toda la tarde no me ofreció un vaso de agua. El calor fue infernal, cuando nos abrazamos, a modo de despedida. En realidad casi me echó. Igual no le hago caso, quedó medio mal desde que se quedó solo, pasa mucho tiempo en sus libros. La pared verde decía “avanza”.
Otro tren.
El recuerdo del sueño de Ana estaba en mis manos, casi como sintiéndolo, punzante, filoso. Una mina se suicidaba, pero todo el tiempo, abrazando al tiempo, por sobre y en todas las cosas, se repetía esa imagen, en una casa, era parecida a la mía, pero no era la mía. Y había nenitos, que no sé de donde salieron, revoloteando como pajaritos, y corrían por donde estaba la mina colgada. Ella tenía el rostro blanco, tenía el rostro absoluto, plano, como una pared, como la palma de una mano, como una madre amamantándose, Ouroboros.
Las memorias de su infancia, capaz, tan lastimada Ana. No sé, qué mierda habrá dentro de su cabeza, seguro películas, muchas. Un cine enorme lleno de mujeres hermosas. Y ella las besa a todas, una por una, cariñosamente. Les agarra la cara con tanto amor, mirala, qué dulce es. Y veo las lucecitas del piso, las verdes, y bajo por las escaleras y apoyo la cabeza en la pantalla, que es enorme su panza abierta, y sus tripas que son también mis tripas y las tripas de Adrián. Todas juntas conectadas a la garganta abierta, como ventanas, como televisores, en los trenes, así navegando como regreso a Adrogué. El tren estaba lleno. Y no tenía monedas para el bondi.
Si, capaz fue lo que entendí cuando desperté con la cabeza en la ventana, somos todos un solo hombre, somos todos el hombre y todos sentimos lo mismo. Nadie existe, soy todos mis inventos y la percepción no existe, yo nos me los te creé y no lo recuerdo. Ella se suicidaba absoluta y sus tripas colgaban de mi estómago. Y tocaba su mano y terminaba de tocarla al mismo tiempo, y besaba sus manos al terminar de besarlas, todos hambrientos de la misma miel. Yo soy Coltrane, también, y él despierta en el tren después de un sueño asqueroso y es tanto sueño perdido como recuerdo, un recuerdo ajeno, el de la pobre Ana, pero en mis venas, pero en mi recuerdo, me recuerdo contándole a Omar su sueño asustada, miraba desde lejos como dos extraños hablaban de sueños. Miraba de lejos y veía a un hombre dormirse en el tren. Miraba al tiempo como a una hoja en blanco y en mis manos, desperté y nos vi en tu recuerdo a toda la gente, en un segundo, casi despertando, cuando el tiempo parecía avanzar.
lunes, 22 de febrero de 2010
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me voy a vivir a la gran ciudad capital. tomémonos un vino juntos.
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