Cerró la puerta con cuidado, tan silenciosamente que los pájaros no se dejaron de escuchar. Me explicó su vergüenza y me mostró sus poemas, la tomé de la mano. Días antes habíamos estado hablando de lo vacío que es todo y la nada que encierra a los vínculos. La amistad está sobrevaluada -decíamos- y nunca hay palabras totalmente sinceras. Llegó el tren, pero lo dejamos pasar.
Eran poemas realmente feos. Describían un mundo demasiado crudo, demasiado oscuro, de a poco muerto. Y en realidad ella pasaba horas tranquilas en el patio de atrás jugando con su perra Janis y los domingos comía asado con su familia mientras escuchaban a Los Iracundos cantarle nostálgicamente a los amores ya lejos. Ella decía tan áspera y hablaba tan incómoda que de ternura te sepultaba. Y se dibujaba un mundo que no le pertenecía, en sus poemas.
Igual nunca pude hacerla sentir cómoda. Me alejaba cuando le hacía algo que le gustaba mucho, a veces se sonrojaba cuando le era sincero.
Y decíamos y decíamos pero nunca construíamos. Cuando llegué a su casa nos acostamos en el piso y hablamos de antiguos amores, temores y malditos sean nuestros padres, que nos castigaron eternamente al abandono y fueron también responsables de la tortura de dejarnos ser (decía con su dramatismo y dolor de niña, de días de tempestad imposible para remontar un barrilete). Cuando decíamos nuestros nombres en voz alta no nos dábamos por aludidos, porque en esa habitación nada nos pertenecía y empezábamos a creernos almas despojadas de toda mierda, dueños del invierno en este fuego veraniego. Nos creíamos una isla de leprosos hermosos donde éramos los únicos dispuestos a amar, a creer en el otro y a perdonar todas las mentiras, enredar mis manos en tu pelo.
Pero se trataba solo de hormonas. Mientras edificábamos plazas y picaneábamos el atardecer a mordidas, fue que me dí cuenta de la gran farsa. Todas las mañanas que compartimos la teníamos en nuestra boca y también en nuestros actos. Le faltamos el respeto, nos reímos de ella y nunca nos dimos cuenta cuan inmersos estábamos en esa mentira enorme y vacía. Entonces todas las sonrisas, los sueños en el piso, los viajes en tren y los secretos de la niñez (principalmente las mentiras, las mentiras con la que buscábamos conmovernos, y la sonrisa parecía el gran premio) fueron una excusa para terminar sumergido en su entrepierna. Y nos reíamos y nos creímos unidos solo por las casualidades y sin decirlo creíamos amarnos cuando en realidad solo buscábamos el sur y el tiempo sin dormir, faltar a nuestras obligaciones y enredarnos en la casa de su mamá hasta que todo huela a nosotros y ya es la hora de irme, ya debería estar en mi casa. No, quedate. Si, me tengo que ir. No, quedate. Me voy. Malo. Estúpida. Malo. Basura.
Y a la despedida no me la acuerdo.
En serio, me sumergía en las calles. Casi pensaba, me acuerdo, y el frío era más que mi abrigo, cuando más que una bufanda yo quería una miraba o una palabra. Mi soledad llegaba a tal punto que raras veces escuchaba mi voz. Pasaba horas leyendo o escuchando cantar a otras personas. Me gustaba creerme las historias que me contaban, jugaba a ser el muchacho abandonado por la bella niña, pero más me gustaba pensar en ella y caer muerto. A veces me decía mi nombre. Me lo decía cariñoso, enojado, pidiendo ayuda, reclamando. Más lo hacía para no olvidarlo.
Cómo no iba a quererte, si eras una lágrima exquisita y tu boca un enorme anfiteatro donde yo me moría, donde todos aplaudían y yo me moría, tan nadie, tan rendido a tu perfume. Si bailabas en la calle y cantabas desprolija cuando eras feliz, siempre tan feliz. Y yo siempre el único que lloraba. Me tenías sepultado en tus manos, me alimentabas y secabas mis lágrimas con besos en los ojos. Y cuando lo merecía me apuñalabas con indiferencia.
No, tampoco con vos era feliz, pero todo dolía menos. No podías cicatrizar mis heridas, pero podías soplarlas para que cese el dolor o dejabas que te vomite los zapatos con mis historias de nene, con mis papás y su silencio, con mis días en mi casa infierno. El día que fuimos a comer a tu casa, vi que tus padres eran de perfectos horribles y tu casa se desmoronaba de belleza y prolijidad, todo tan en su lugar, todo tan cálido y ruidoso, donde seguro de chiquita corrías feliz en busca de abrazos o gritabas de felicidad por tu primer bicicleta .
No podía tocarte, porque tu piel se rompía. No podía besarte, porque tus labios eran tu cristal más preciado. No podía bajar sin que me claves las uñas.
Y ahora todo me parece tan lejano y verdadero, que en realidad fue el miedo lo que me alejó de vos. Si a lo que le tengo más miedo es a la felicidad.
Podría ahora morderte hasta callar los pájaros, tus ojos son una jaula. Podría quemar tus cristales hasta saciar mi sed, las mañanas nunca fueron tan insoportables. Tus párpados son una jaula.
jueves, 24 de diciembre de 2009
porque tu piel se rompía.
la mañana todavía por
vorhis cerda premoli
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primeros incendios
martes, 22 de diciembre de 2009
peces
violaría tu miedo
cuando de las manos
la sed
cuando de tu boca
la sed
y todo es el espacio en la distancia
es esa forma de
cuando de los labios
y los mares muy rojos de los labios
tu pozo río
tu nieve de la habitación vacía
el acuario emerge de las palabras innecesarias.
y todo lo que dije
y todo lo que hice
lo que me confesaste
fue para llegar ahí
entonces todo valió un choto
y ahora esa nada es la que valoro más
tu pozo río
los colores en la habitación tan llena de mi.
el acuario son también tus labios
todos
todos ellos
que son iguales a los peces
los peces de colores
nadando entre vos y yo
y todas las personas que finjimos ser
hasta llegar hasta acá
hasta este cuarto lleno de nieve
que de agua nos ahogamos
con cenizas
con humo nos ahogamos
con las pieles nos ahogamos
y el sol entra por la ventana
como puñalada en tu espalda desnuda
y de la tierra que tenías la boca
floreció un árbol irreconocible.
cuando de las manos
la sed
cuando de tu boca
la sed
y todo es el espacio en la distancia
es esa forma de
cuando de los labios
y los mares muy rojos de los labios
tu pozo río
tu nieve de la habitación vacía
el acuario emerge de las palabras innecesarias.
y todo lo que dije
y todo lo que hice
lo que me confesaste
fue para llegar ahí
entonces todo valió un choto
y ahora esa nada es la que valoro más
tu pozo río
los colores en la habitación tan llena de mi.
el acuario son también tus labios
todos
todos ellos
que son iguales a los peces
los peces de colores
nadando entre vos y yo
y todas las personas que finjimos ser
hasta llegar hasta acá
hasta este cuarto lleno de nieve
que de agua nos ahogamos
con cenizas
con humo nos ahogamos
con las pieles nos ahogamos
y el sol entra por la ventana
como puñalada en tu espalda desnuda
y de la tierra que tenías la boca
floreció un árbol irreconocible.
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vorhis cerda premoli
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obscuridad filo besarse entre los hombres del tango
domingo, 20 de diciembre de 2009
primeros incendios(fragmento)
Todo se mantenía en su lugar y en silencio, caminaban de un cuarto al otro. La televisión estaba prendida hace rato. Él le relataba la película pornográfica como si se tratara de un partido de fútbol. Ella lo ignoraba y se miraba al espejo, se adoraba. Era hermosa, tenía la piel tan blanca, deliciosa. Se veía linda, alta, flaca. Así deben ser los ojos de ellas, las modelos. ¿Pero modelos de qué? Ella era la chica perfecta. Pero era esa “chica perfecta” que nunca saldría en la revista gente, por gorda, por narigona o por tener cara de poco entusiasmo. Era la chica de la que te enamoras en el colectivo, y le prometes amaneces baratos y paisajes de flores muertas, el olor a choripán en la estación de Lomas. Él le decía siempre eso, pero ella nunca le creía esas giladas.
Ella capaz que le empezó a prestar atención mientras se delineaba. Se veía pálida y venosa, porque cuando estaba muy cansada se ponía muy blanca y se le transparentaba la piel, o eso pensaba… Así también de acomplejado vivía él, que de a poquito se le caían unos pelitos y se veía como su padre. Y no había peor, nada peor en todo el mundo, que verse como su padre: tan nada, tan triste, tan perdedor, mirando TN o leyendo el diario, tan llegando a la casa y saludar ignorado, comer en silencio o pidiendo silencio, mirar la tele hasta quedarse dormido, babeándose el saco. Pero no, él nunca sería su padre, no importa cuan pelado sea, le mentía su novia.
Bah, novia, ésa mina que estaba ahí siempre. Siempre significa mucho tiempo. Porque cuando no está ella está la otra, o la otra, o la de ojitos grises y buenas tetas. Desde que se mudó su hermano la habitación nunca estuvo fría, nunca vacía.
Ahora se la está chupando. La fotografía es buenísima, ella tiene las uñas del pie pintadas de negro. Labios carnosos, y se muerde el labio inferior, cierra los ojos y se muerde el labio inferior. Con la cabeza para atrás y no dice nada. Pero a mi no me importa ella. A mi sí, es como ver que se están cogiendo a tu ex novia, a la que querías y con la que tomabas helado. Hay una mesa con un florero marrón, atrás hay una ventana cerrada.
Ella capaz que le empezó a prestar atención mientras se delineaba. Se veía pálida y venosa, porque cuando estaba muy cansada se ponía muy blanca y se le transparentaba la piel, o eso pensaba… Así también de acomplejado vivía él, que de a poquito se le caían unos pelitos y se veía como su padre. Y no había peor, nada peor en todo el mundo, que verse como su padre: tan nada, tan triste, tan perdedor, mirando TN o leyendo el diario, tan llegando a la casa y saludar ignorado, comer en silencio o pidiendo silencio, mirar la tele hasta quedarse dormido, babeándose el saco. Pero no, él nunca sería su padre, no importa cuan pelado sea, le mentía su novia.
Bah, novia, ésa mina que estaba ahí siempre. Siempre significa mucho tiempo. Porque cuando no está ella está la otra, o la otra, o la de ojitos grises y buenas tetas. Desde que se mudó su hermano la habitación nunca estuvo fría, nunca vacía.
Ahora se la está chupando. La fotografía es buenísima, ella tiene las uñas del pie pintadas de negro. Labios carnosos, y se muerde el labio inferior, cierra los ojos y se muerde el labio inferior. Con la cabeza para atrás y no dice nada. Pero a mi no me importa ella. A mi sí, es como ver que se están cogiendo a tu ex novia, a la que querías y con la que tomabas helado. Hay una mesa con un florero marrón, atrás hay una ventana cerrada.
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vorhis cerda premoli
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domingo, 13 de diciembre de 2009
goñi
Tus manos de poeta muerta apresan ese celular y filmás la banda que apenas se ve y apenas suena entre las luces verdes y rojas que decoran el decrépito ataúd desamparo o pub. Tus manos que crees de travesti lo abrazan con fuerza y medio que no estás acá. Tu cabecita de poeta se va quemando de a poquito, tus llantos enormes y tus palabras hermosas se pierden dentro de tus ojos, o se escapan por ellos. Tus ojos para atrás. Tus ojos no mirándome. A veces me acuerdo de vos y de cuanto te temía. Que miedo, estabas completamente loca y yo siendo tan pequeño, tan nada.
Después tu yo lírico.
Después tu yo lírico.
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vorhis cerda premoli
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incendios viejos y pasados de moda.
viernes, 11 de diciembre de 2009
Para Helena se conjuraron las savias ornamentales en las sombras vírgenes y las claridades impasibles en el silencio astral. El ardor del verano fue confiado a pájaros mudos y la indolencia requerida a una barca de duelos sin valor por ensenadas de amores muertos y perfumes ahogados (...)
Fragmento del poema "FAIRY"de rimbaud.
Fragmento del poema "FAIRY"de rimbaud.
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vorhis cerda premoli
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martes, 8 de diciembre de 2009
En esa época empecé a hacer cosas para no morirme. Empecé a dormir con la cabeza fuera de la cama, para no asfixiarme. Dejé de comer la parte amarilla del huevo, porque mi papá decía que era veneno. Esperaba a que no haya autos en el horizonte para cruzar la calle.
En el funeral de la tía Mía estaba aburridísima. Era despertar demasiado pronto, era empezar a sentir todo como lo siento ahora. Y eso se acentuó en la adolescencia. Desde ése día todo me es aburrido.
Si, también siento cosas así. Los funerales son como los primeros días que. En el velatorio de mi papá lo peor fue darme cuenta que nunca iba a ser astronauta, que nunca iba a ser John Lennon o que Picasso no existe, no es nadie.
Entonces, por eso, ahora no siento ganas ni de suicidarme. Me pesan los ovarios para hacer todo, no quiero ser nadie, no planeo mi vida a largo plazo. No es que quiera suicidarme, pero alguna esperanza de no esta más tengo.
Se te nota, ¿te diste cuenta que nunca hablamos del futuro? Yo sí, cada vez que te hago una pregunta sobre el tema me respondes sobre tu infancia, y terminamos hablando sobre dibujos viejos o canciones de Los Charros o Ráfaga. Y los dos cuando éramos chiquitos escuchábamos Todos Tus Muertos.
Todavía hago cosas para no morirme, pero no sé por qué. No sé que no quiero perder, no sé qué espero, te juro que no voy a extrañar a nadie.
Capaz que no querés lastimarnos a todos nosotros, no querés sepultarnos en el aburrimiento.
Puede ser. Creo que en el cielo, o a donde sea que terminemos siendo, no van a valorarme, nadie se va a dar cuenta quien soy. Mi inmensidad va a ser ignorada.
Y crees que acá te van a valorar…
Esa es, capaz, mi única esperanza. Pero soy tan nada que no puedo florecer tranquila. Es mustiarse hasta ser igual al resto, y después verse al espejo y verse igual a tu mamá o a tu hermana o a tu abuela.
Podríamos hacer un pacto suicida.
Podríamos hacer un pacto florido, vamos a dedicarnos a no tocar nada y a solo ver. Hasta que las cosas sucedan de tal forma que nos beneficie.
En el funeral de la tía Mía estaba aburridísima. Era despertar demasiado pronto, era empezar a sentir todo como lo siento ahora. Y eso se acentuó en la adolescencia. Desde ése día todo me es aburrido.
Si, también siento cosas así. Los funerales son como los primeros días que. En el velatorio de mi papá lo peor fue darme cuenta que nunca iba a ser astronauta, que nunca iba a ser John Lennon o que Picasso no existe, no es nadie.
Entonces, por eso, ahora no siento ganas ni de suicidarme. Me pesan los ovarios para hacer todo, no quiero ser nadie, no planeo mi vida a largo plazo. No es que quiera suicidarme, pero alguna esperanza de no esta más tengo.
Se te nota, ¿te diste cuenta que nunca hablamos del futuro? Yo sí, cada vez que te hago una pregunta sobre el tema me respondes sobre tu infancia, y terminamos hablando sobre dibujos viejos o canciones de Los Charros o Ráfaga. Y los dos cuando éramos chiquitos escuchábamos Todos Tus Muertos.
Todavía hago cosas para no morirme, pero no sé por qué. No sé que no quiero perder, no sé qué espero, te juro que no voy a extrañar a nadie.
Capaz que no querés lastimarnos a todos nosotros, no querés sepultarnos en el aburrimiento.
Puede ser. Creo que en el cielo, o a donde sea que terminemos siendo, no van a valorarme, nadie se va a dar cuenta quien soy. Mi inmensidad va a ser ignorada.
Y crees que acá te van a valorar…
Esa es, capaz, mi única esperanza. Pero soy tan nada que no puedo florecer tranquila. Es mustiarse hasta ser igual al resto, y después verse al espejo y verse igual a tu mamá o a tu hermana o a tu abuela.
Podríamos hacer un pacto suicida.
Podríamos hacer un pacto florido, vamos a dedicarnos a no tocar nada y a solo ver. Hasta que las cosas sucedan de tal forma que nos beneficie.
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vorhis cerda premoli
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13:36
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primeros incendios
viernes, 4 de diciembre de 2009
despedida
Sumergido en la acuosidad de su mirada
que de lágrimas
adorna el marrón/amarillo del iris aclamado
y la despedida
y todo es asquerosamente obvio
cuando las cosas
se escapan en tu mirada urgente
sobre los mares
de las flores gesticulares
lo doloroso de la verdad y las palabras innecesarias
el saludo triste.
que de lágrimas
adorna el marrón/amarillo del iris aclamado
y la despedida
y todo es asquerosamente obvio
cuando las cosas
se escapan en tu mirada urgente
sobre los mares
de las flores gesticulares
lo doloroso de la verdad y las palabras innecesarias
el saludo triste.
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vorhis cerda premoli
cuando el tiempo dijo
19:38
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palomas patear hormigas amiga vacío
miércoles, 2 de diciembre de 2009
si el viento
Si el viento
Rompe en tus corridas
En tu nerviosismo
El viento entre tus manos
Tus dedos
Y es el aire tu pelo
Virulenta
Ácida
Gesticulando y volando girando
La acuosidad de tu mirada
El naufragio imposible de tus párpados
La noche en tu piel
La piel en tu piel
Trabajosamente
No, no odies el viento
Que vuela tu pelo
Que destruye tu mar
El océano de tus brazos
Sabes me esperás respiras
Escucharemos nosotros
Entonces
Lo violeta del viento.
Rompe en tus corridas
En tu nerviosismo
El viento entre tus manos
Tus dedos
Y es el aire tu pelo
Virulenta
Ácida
Gesticulando y volando girando
La acuosidad de tu mirada
El naufragio imposible de tus párpados
La noche en tu piel
La piel en tu piel
Trabajosamente
No, no odies el viento
Que vuela tu pelo
Que destruye tu mar
El océano de tus brazos
Sabes me esperás respiras
Escucharemos nosotros
Entonces
Lo violeta del viento.
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vorhis cerda premoli
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incendio florido,
primeros incendios,
tercer incendio
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